Hoy me voy a referir a un asunto recurrente que agita de vez en cuando «el mundillo» y que volvió a ocupar titulares hace unas semanas, a raíz del escándalo protagonizado por Espasa y por el dizque poeta Rafael Cabaliere. No voy a entrar en pormenores. Si tienes curiosidad, puedes leer este artículo de Peio H. Riaño en El País  o este de Rafael Morales Barba en The Conversation.

Lo que me interesa ahora son las preguntas que, ante semejante panorama, se plantean las autoras y autores: ¿vale la pena presentar mi novela o mi poemario a un concurso? ¿Están todos decididos de antemano o reservados a unos pocos? ¿Necesito 700.000 seguidores en Instagram para tener alguna oportunidad? Para responder a este tipo de cuestiones de todo o nada, juego con ventaja: soy gallega. Nuestra respuesta estándar, «depende», suele ser la buena en la mayoría de los casos.

Es natural tener dudas. Los que nos llegan a través de los grandes medios de comunicación son los premios organizados por las principales editoriales o por instituciones de ámbito nacional. Son también los más importantes, los más difíciles, los más dotados económicamente y los más cuestionados. Cualquiera te dirá que enviar un original al Planeta, si eres desconocido, es un gesto inútil. Sin embargo, conozco de primera mano casos como el de una escritora que se presentó y no ganó, pero recibió una llamada de la organización porque les había gustado su novela. Acabaron publicándola.

No quiero con esto justificar las actitudes de unos y otros desde el punto de vista ético. A mí al menos, ese tipo de chanchullos no me gustan nada, por mucho que los acepten la prensa y el público. Sólo pretendo apuntar que, aún en el concurso más claramente pactado, siempre hay alguien que lee las obras. Ahí puede estar la oportunidad, por pequeña que sea.

De todas maneras, no creo que ninguno de esos personajes famosos que las grandes editoriales buscan para premiarlos y garantizar sus cifras de ventas esté leyendo este blog. Sospecho que, si estás aquí, eres una escritora o un escritor que empieza y quiere darse a conocer; o alguien con cierta trayectoria, pero que tiene dificultades para publicar sus obras porque son poco comerciales; o simplemente tienes dudas sobre tu trabajo y necesitas un empujón que te dé seguridad para continuar escribiendo.

Seguro que ya lo sabes, pero te recuerdo que, fuera de los grandes premios, se convocan cientos de concursos literarios cada año y que casi nunca están decididos de antemano. Asociaciones culturales, ayuntamientos, diputaciones o entidades privadas organizan distintos certámenes que tienen como objetivo fomentar la cultura y la creación, además de aumentar su propio prestigio apareciendo en los medios con su nombre asociado a la literatura. No es que este tipo de premios esté libre de pecado. A todos los niveles existe la tentación de beneficiar a un amigo o de quedar bien con alguien que pueda en el futuro devolverte el favor. Sin embargo, me consta que la mayoría respetan estrictamente las bases y sus jurados intentan ser lo más objetivos posible. Otra cosa son los criterios o los gustos de cada uno, que no tienen por qué coincidir con los tuyos o con los míos.

Seguiremos con este asunto en próximas entradas, que da para mucho. Mientras tanto, si te ha interesado, te recomiendo:


Imagen: Austris Augusts en StockSnap