No sabía yo que las vivencias de este personaje iban a tener tal interés en mis lectores/as. Os lo agradezco y prometo ser más constante si mi desordenada vida me deja hacerlo y tengo ganas para ello. Siempre me surge otra cosa que hace que tenga que posponerlo una y otra vez y es que… donde se ponga un buen negocio con faldas… que se quite todo lo demás, ahí me pierdo… De todas maneras soy un perdido sin solución.

 Pero bueno, aprovechando este ratito, he de deciros que cuando leo vuestros comentarios no me imagino cómo me imagináis… Pero es divertido pensarlo. Aunque, sin querer ser impertinente, tenéis que saber, que me importa bien poco, porque yo, aquí donde me leéis, simplemente no existo. 

Dejé de existir hace muchos años, cuando mi forma “exitosa” de trabajar traspasó fronteras, iba más allá de mi ciudad, de mi país.  Es en ese momento, cuando mi vida da un giro de 180 grados: localizo mi fuente de ingresos. La estrategia a seguir requería  de seriedad, compromiso y de una escucha activa. Algo así como un psicólogo, con la diferencia de que esas herramientas que necesitaban las utilizaba yo para mi beneficio personal, explorando sus necesidades y mezquindades.  Mis promesas sobre un litigio ganador, en ocasiones, eran mal entendidas o interpretadas y mis enemigos comenzaban a multiplicarse.  Fue entonces, cuando decidí, desaparecer.

Seguramente querréis saber a qué se dedica este personaje de gustos banales y aspecto soberbio, pues en pocas y sencillas palabras… digamos… que a dar viabilidad a grandes proyectos, ya sea recuperándolos o dándoles  el “mejor final”. Entre esos dos polos me muevo, no hay más, entre lo malo y lo peor. Como un equilibrista, que no tiene red de protección, ni arnés que lo sustente…  así trabajo yo, con paso firme y decidido, todo lo que me rodea y pueda desequilibrarme,  sobra, no admito distracciones, sólo tengo un objetivo y toda mi energía está centrada en ello. ¿Tiempo para mujer e hijos? Por favor… ¿familia feliz? No gracias.

El ritual en mi trabajo es cíclico, siempre igual.  Se requiere de mis servicios, cuando la situación está al límite, cuando se ha probado todo y no se ha conseguido nada… o sí…, más miedo, frustración, apatía…Los conflictos llegan a ser una constante en los consejos de administración…todo se viene abajo, aparecen los “sálvese quien pueda”, “eso no era de mi competencia” y un largo etc de incongruencias y falta de responsabilidades.  En ocasiones, se deja las riendas de la empresa al mejor postor. Esos gestores de pacotilla que están al quite y que terminarán de exprimir hasta el último aliento de vida. Es, en este punto, donde mi trabajo llega a ser, en ocasiones incomprendido, en ocasiones cruel y en muy pocas…agradecido. 

Lo suelo comparar con la vida animal. Así, vemos que cuando un animal está herido o enfermo, saltan las alarmas.  Se huele, se siente, y al lugar acuden  esos otros animales que ven una  oportunidad de llenar sus estómagos con poco esfuerzo. La guerra por sobrevivir es descarnada y atroz. Yo me encuentro en medio de esos dos mundos: quizás se pueda salvar al herido o sanar al enfermo o quizás  sea mejor dejar que sirva de carnaza… En todo caso, nunca terminas bien y es así, como en esta trayectoria profesional, fui creando una red de enemistades que darían mucho de lo que tienen porque la copa de coñac que estoy disfrutando ahora fuese mi última copa y que la chica que me acompaña, haciéndome la tarde más llevadera, fuese igualmente, mi última chica. Pero trabajo bien y saber desaparecer forma parte de mi trabajo.

¿Y ahora?  ¿Qué opináis?  Lo que opinéis estará bien y me va a afectar poco, la verdad, porque, como todos, veis a través de unos ojos castrados. Castrados por la educación recibida, las creencias  admitidas y vuestras experiencias vitales.  Lo que es bueno y malo se tiene muy delimitado y definido, como la hoja de un cuchillo bien afilado, con cortes limpios y exactos. Pero la vida, queridos lectores, no es así… o al menos la mía. 

 Como habéis podido observar, soy un hombre con pocos escrúpulos, no solo en el terreno sexual. Mi vida y mi trabajo así lo requieren. Necesito despejarme con frecuencia y el sexo se ha convertido en mi tabla de salvación, lo admito, necesito sexo; variado, diferente, con sus excesos y sus defectos. Todo me gusta, y aquella noche, fue especialmente placentera. Cuando las chicas me invitaron a entrar con ellas en esa habitación, no sabía a qué me enfrentaría, pero fuera lo que fuese, me excitaba mucho, se olía el placer y como un perro a su dueña, fui tras de ellas. 

Una de las chicas se colocó sentada sobre una mesa detrás de mí. Sus piernas me rodeaban la cintura y sus manos se iban deslizando por mis hombros e iba desabrochando, poco a poco, los botones de mi camisa, que no se resistían a tal intromisión, más bien lo contrario, se iban desabrochando con una facilidad inusual… yo me encontraba de espaldas a ella y sentía su calor en mi nuca, su lengua se deslizaba por el cuello dejando un rastro de humedad y escalofríos que fueron acelerando mi ritmo cardiaco. La otra chica, frente a mí, me sonreía, disfrutaba del espectáculo, no sé si tanto como yo, aunque veía que su participación en el mismo iba a ser inminente. Me encontraba a su servicio, a sus órdenes, era el invitado, ellas decidían de qué manera querían que las sirviese…Tengo que deciros que me encontraba desubicado, esta no era mi forma de proceder, pero la excitación que experimentaba era tal, que solo podía dejarme arrastrar, no había otra. Copa en mano, me veía compartiéndola con la  chica, que mojando su lengua en ella, me la hacía llegar para deleite de mis sentidos. . . Experimentaba el goce de lo imperfecto, indebido, inadecuado, de lo extremadamente seductor, el goce que me proporcionaban ellas contra mí o conmigo; todos o ninguno; experimentaba el “yo qué sé mañana”, el “vaya yo a saber…”.